Han pasado tantos otoños desde aquella bienvenida.
La hojarasca serpentea en cada palabra que agoramos.
El amor que guardamos en colmenas de cristal opalino.
Sigue ahí tan constante que fulgura entre los abedules.
Nos acercamos con arrullos de palomas y golondrinas.
En las aguas del arroyo aprendimos a mirarnos el alma.
Supimos pronto que la ruta ideal a seguir sería el amor.
Así nos deslizamos en un tobogán interminable de alegrías.
Que gratas son las huellas dejadas en esta ruta tan sinuosa.
Abrazos que cubrieron soledades con biberones y chupetes.
Vistas a la felicidad en donde fundamos nuestro propio mundo.
Y recuerdos de un amor tan perdurable como el sol..........
GUSTAVO WEHRLY
23-03-12
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